Los bebés están genéticamente programados para reaccionar ante estímulos como ruidos intensos, movimientos repentinos con temor. Con respecto a las personas que están a su alrededor desde el nacimiento hasta los dos meses responden positivamente a cualquier persona que les preste atención aunque ya reconozcan a su madre. Hasta los seis meses de edad el niño está aprendiendo a discriminar unos rostros de otros pero no teme a los extraños. A partir de los seis meses el apego a su madre empieza a observarse claramente por primera vez. Cuando el niño empieza a distinguir a los extraños empieza a desarrollar la relación de apego con su cuidador y a sentir temor ante los extraños. Llorará cuando su madre no está cerca o cuando se acerca alguien que no reconoce. Esta fase es natural y cumple una función de asegurar la presencia del cuidador cerca del niño.
La ansiedad que sienten al separarse de su cuidador principal es una etapa evolutiva normal entre los 6 meses y los 14 meses, es una manifestación del apego que tiene con sus cuidadores y asegura su supervivencia. A partir de los 14 meses ya empiezan a saber que aunque sus padres desaparezcan estos no lo harán para siempre, sino que volverán. Han desarrollado un apego seguro con sus cuidadores que garantiza al niño la seguridad en sus padres para saber que estos están o estarán aunque en ese momento no se encuentren presentes. La mayoría de los niños en este período ya ha adquirido una representación cognitiva estable de la figura del cuidador lo que les permite separarse de sus padres y estar varias horas sin ellos.
Es a partir de los 18 meses cuando podemos empezar a observar que las separaciones ocasionan en el niño un gran malestar.
Diagnóstico del DSM-IV-TR para el trastorno de ansiedad por separación:
Ansiedad inapropiada y excesiva para el nivel de desarrollo del sujeto con respecto a la separación del hogar o de aquellas personas a las que está apegado, tal como lo indican tres (o más) de los siguientes síntomas: